En realidad siempre he pensado que sí es posible, aunque hasta ahora no me había pasado. Cuando la ruptura está reciente la amistad es imposible y cuando ya pierdes el contacto también pierdes el interés.
La conocía de oídas por mis amigos desde hacía meses. Ella era perfecta: empollona, sexy, divertida, folladora sin compromisos, alocada, viciosa, limpiaba, cocinaba, sabía cogerle los vueltos a los pantalones y tenía un piercing en el coño. En cuanto le contó a Kelemvor su romance lésbico (la pobre, se pensaba que solo le iba a molar una tía en toda su vida), éste no perdió el tiempo en meterme por los ojos a la pobre muchacha. A mis ojos, en cambio, nunca hace falta forzarlos.
Tras las negociaciones oportunas nos conocimos una noche de carnavales, y como hacía frío nos acurrucamos. Maxanguita tenía fama de rollos de una sola noche, de no trabarse por nadie, de no darle vueltas a la cabeza, de ser un tío pero en tía; vamos, de tener todo lo que yo buscaba. Hoy puedo asegurar que hasta Judd o Niki también se ven poseídos por el cromosoma X que les hace montarse películas y buscarle significado a todo. Pero eso no importaba, ella me gustaba.
Pasaban las semanas y aquello parecía no ir ni pa'lante ni pa'trás, tal vez porque cada vez que me empezaba a encariñar ella debía volver a Madrid. El hecho de que Maxan estudiara allí hacía que yo no me planteara nada estable (y cuando digo nada, es nada). Lo cierto es que así estaba a gusto. Pero empecé a agobiarme y se me metió en la cabeza que era mejor dejarlo -¿dejar el qué?-. No estaba segura pero al día siguiente ella se iría de nuevo y sorprendentemente dejé mi cobardía a un lado para decirle a la cara "no quiero seguir contigo" a la vez que me arrepentía. Su alentadora respuesta fue: Pos vale.
Tras meses de cyber-discusiones nos veríamos obligadas a compartir techo puesto que el grupo entero decidimos pasar unos dias en el sur. Entonces pasó lo imprevisto: ni nos peleamos, ni nos líamos...¡nos hicimos amigas!. Y ahí también adoptamos la tónica de pasteles que mezclados con alcohol nos hace más amigas todavía (¿Nunca desaparecerá ese yo que sé, que qué sé yo?).
Ahora que ya la conozco bien puedo decir que como novias seríamos perfectas. Como amigas, mejor.
domingo 28 de enero de 2007
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