Como ya se sabe, todo trabajo tiene su cosa mala. Y cuando digo todos, es todos, porque hasta los acomodadores de cierto cine se quejan de aburrimiento (mantendré el anonimato del lugar, para que no lluevan los currículum, que yo estoy esperando a que me llamen desde hace tiempo). No me quejaré de mi dolor de dedo pulgar derecho, ¡que pupita, au au!, de verdad, que si coge la cinta, corta la cinta, pega la cinta, dobla el papel…pues al final se te endurece la yema del dedo…Bueno, dije que no iba a quejarme.
Mi desahogo hoy rodea a la maldita maruja vieja y amargada. No, no hablo de mi ex-jefa rosquera si no de ese cuadro sicótico que acude a empaquetar sus regalitos sacándome de quicio a mí y al resto de arpías –así llamo cariñosamente a mis compañeras de trabajo-.
No sé si se proponen agotar nuestra paciencia o la de la gente que está haciendo una cola kilométrica para luego hacer lo mismo que ella. Es como cuando vas al médico, te quejas del retraso y del tiempo excesivo que cada paciente pasa en consulta, pero cuando llegas dices “esta es la mía, si los demás lo hacen, yo también me explayo”.
De esta forma, incluso antes que saludarnos, la primera frase de la Maruja en cuestión será: A ver si me lo puedes meter en alguna caja ¬¬ (Sí, con esa mirada de sucia). En el caso de que no lo diga nada más llegar, lo hará cuando ya tenga cortado el papel o incluso cuando esté medio envuelto el artículo en cuestión. Sí, también se ha dado el caso de que lo hagan una vez ya envuelto, y tener que deshacerlo. No importa el regalo, hay que intentar meterlo en una de ellas. He visto como quitaban zapatos de sus cajas para poder meterlo en otra (no tenemos una un poco más grande que una de zapatos señora, es un tanto absurdo una caja dentro de otra), o regalos diminutos en cajas gigantescas. Y es que tienen fama de ser maravillosas, todo el mundo sabe que tenemos y viene a por ellas por motivos varios: “Es que me voy de viaje y para que no se arrugue”-¿y no piensas que te ocupará mucho espacio en la maleta?-, “Es que así no se nota lo que es” –como si el papel de regalo fuese transparente-. Este tema lo llevo según me esté cayendo el cliente en cuestión. Si es un tío por lo general suele ser amable así que se lo pongo bonito. Si es una tía que está buena, lo de simpática me da igual, es que las buenas escasean y hay que mimarlas. Pero si me caen mal les digo que no me queda ninguna caja a la medida del paquete, y le pongo cara de pena como si yo lo estuviera sintiendo de verdad mientras que por dentro sonrió por estar jodiéndole el momento a la maldita Maruja. Tema paralelo es el de las moñas, lazos, tarjetas y pinos. Gente a la que no les gusta las moñas pero te lo dice cuando ya se la has puesto (sí, y tienes que quitársela para ponerle un lazo, pero entonces te dice que quiere la moña y el lazo), los que no quieren poner el nombre de la persona a la que va dirigida el regalo hasta que ven que se trata de una tarjeta monísima con campanas incluidas, energúmenos que se fijan en como empaqueta la arpía de mi lado para pedirme el adorno del pino o la caja que ella está utilizando.
Pero la gran batalla se trata del “dame el material que yo lo hago en casa porque no tengo tiempo de hacer toda esta cola”-se montan colas de media hora-. En concreto, nadie dice material, si no caja. Y si quieren caja también campana, moña y pino. Pero para su indignación el único material que nos permiten regalar es el papel, y ahí empiezan las divertidas discusiones con las marujas. Me resulta algo obvio, porque una cosa es empaquetarles con mucho/dudoso gusto, pero si lo quieren hacer en casa, que lo hagan con las cosas de su casa también.
Lo que la gente no quiere reconocer es que como es gratis lo quieren todo. Y estas discusiones son por las que vale la pena trabajar ahí, ya que me satisfacen enormemente en la misma línea del “no me quedan cajas” pero las estoy jodiendo más si cabe, porque directamente se quedan sin envolver los regalos.
En cuanto a las arpías, la gran mayoría son unas criticonas entre ellas y cada día me entero de chismes nuevos y seguro que están haciendo lo mismo conmigo porque me encontré a una que resultó ser amiga de otro que sabe de mi bollerismo. Mejor, así me dan fama y ligo más xD Otro dato estremecedor es el pavoneo en torno al jefe. No sé que le ven, que dicen que tiene morbo, que les pone…y yo que no lo entiendo, pero lo gracioso es ver las situaciones, desde esperar 10 minutos para preguntarle una tontería hasta entregarle papelitos recortados de forma cursi.
PD: Me encanta empaquetar...de verdad, mis prefes son las colonias.
domingo, 28 de enero de 2007
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